Una cortita, de esas que NO le gustan a Slobo. No hay nada que me moleste tanto como que me ganen el baño, y un día mi mamá lo hizo. Me andaba tanto que ya no podía resistir más. Me dio tanto coraje que no saliera, que se me empezó a asomar la tragedia. Así que mi gran solución —y venganza— fue abrir el refrigerador, nevera o como le llamen y dejar mis residuos biológicos en el cajón donde se guardan las frutas. No lo niego, se me enfriaron un poco las nalguitas, pero el alivio fue total. Al terminar con mi venganza me olvidé del tema. Poco tiempo después, solo escuché a mi madre pegar un grito de asco; estaba muy, muy sacada de pedo, sin entender cómo carajos había llegado una caca ahí. Cabe aclarar que todo esto pasó por ahí de 1992 o 1993, yo era muy bebé. Un saludo, los quiero y tranquilos: ya no me cago en las neveras.