Kioña, kioña, cotorros, ¿cómo están? A esta la titularemos “La Pantunfla Enchilada”. Todo comenzó una noche en Querétaro, cuando yo regresaba del gimnasio con un amigo llamado Will. Después de un entrenamiento largo y unos porrazos, llegó el monchis, así que decidimos ir por unas tortas, pero primero pasamos por mi esposa, llamada Katia. Al regresar a casa, comencé a preparar los chiles toreados para las tortas, con limón y sal. Dato muy importante. Todo iba bien y, al terminar de cenar, después de un rato, nuestro amigo Will se despidió de nosotros. Lo acompañamos a la puerta y, después de cerrar, comencé a cachondear con mi esposa. Al entrar nuevamente a la casa, le comencé a quitar la ropa, lo cual hizo que termináramos en el cuarto. Ya a punto de terminar, después de un rato, ella me pidió que terminara en su cara, a lo cual procedí. Mientras ella estaba concentrada, yo tuve la maravillosa idea de estimularla con la mano para que terminara al mismo tiempo que yo. Lo cual, para mi desgracia, no tuvo éxito. Al ver su cara, noté que hacía unas muecas muy extrañas, así que procedí a preguntarle: —¿Te sientes bien? Y ella me respondió: —¿Con qué mano tomaste los chiles? Yo comencé a reírme. Así es, cotorros... ¡LE ENCHILÉ LA PANTUNFLA A MI ESPOSA! 🌶️😂 Y, al ver su desesperación, no me quedó de otra más que llevarla al patio y comenzar a enjuagarla a manguerazos. Moraleja: si vas a preparar chiles toreados, ¡lávense las manos, cotorros! 😂🌶️